¿Conoce a Juan Carlos López?


Probablemente no tenga idea de quien estamos hablando. Tal vez, los más informados, hayan escuchado o leído su nombre en estos días y “les suene” en la cabeza como "el cuñado de Ibarra", o uno de los funcionarios públicos imputados por la causa de cromañón. Efectivamente, López era Secretario –hoy sería Ministro– de Justicia y Seguridad del gobierno de Aníbal Ibarra; y hoy, por ese sólo hecho, su libertad se dirime en un proceso judicial.
Pero posiblemente nadie sepa, o no tenga presente, que esta persona a la que intentan mandar a la cárcel, fue también –paradójicamente– una de las que trabajo incansablemente para mandar a la cárcel a los militares genocidas responsables de la época más siniestra que
haya vivido nuestra patria, la más oscura y sangrienta, la que hizo desaparecer a 30.000 hermanos, amigos, compañeros.
Pretendemos mostrar al Juan Carlos López que no muestran los medios, al Juan Carlos López que no aparece en la tele ni en los diarios, pero que en realidad es el mismo que levantó el dedo contra los milicos cuando todavía se respiraba miedo en la sociedad, cuando todavía la impunidad y el olvido estaban a la vuelta de la esquina.
Juan Carlos López, con tan sólo 25 años y recibido de abogado hacía 3 en la UBA, fue el Secretario de la Cámara Federal que acusó y condenó a las ex juntas militares en aquel emblemático juicio sin precedentes, en el que por primera vez en la historia, tribunales civiles enjuiciaron y condenaron a un cuerpo militar.
 
“El Diario del Juicio” (mítico periódico semanal que Editorial Perfil publicó durante 1985, transcribiendo completos los testimonios y pruebas del juicio a los ex comandantes de la dictadura), publicaba en sus páginas del dia 2 de julio de 1985 que “el personaje del secretario no es el de actor principal. En el solemne marco de la Sala de Audiencias, el protagonismo se lo llevan otros, ya sean camaristas, fiscal, defensores o testigos, quienes ante el público vuelven a revivir (representar) nuestra reciente y terrible historia. No obstante, el secretario de la Cámara juega un papel semejante a esos personajes secundarios que están siempre presentes en la escena y, aunque alejados tal vez del medio de la trama, la sostienen, son el sustrato.”
López era el encargado de abrir las sesiones, llamar a los testigos al estrado y recibir la prueba. Era también el encargado de preparar la audiencia de cada día, citando a los testigos y organizando al personal de Cámara. Sin ser protagonista principal o visible, fue una figura clave de uno de los hechos que, sin duda, marcaron nuestra historia y nos marcaron como sociedad.
Humildemente pretendemos reivindicar la historia y la trayectoria, poco conocida, de un hombre sumamente comprometido con los derechos humanos, con la memoria, con la verdad y, sobre todo, con la justicia. El compromiso y la dedicación llevaron también a Juan Carlos a ser Fiscal Federal de Morón, letrado de la Procuración General de la Nación e integrante  de la comisión de fiscales para la búsqueda de hijos de desaparecidos. Fue también Procurador General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Secretario de Justicia y Seguridad del mismo distrito (cargo que desempeñaba en el momento que ocurrió la tragedia). Creemos que no hace falta relatar mucho más para demostrar que López fue lo que fue y es lo que es por su propia capacidad y trayectoria y no por ser "el cuñado de Ibarra" como algunos quieren hacernos creer. Y no queremos hacer hincapié en el absurdo jurídico y lógico que representaría condenar a Juan Carlos López, precisamente, porque aunque nos cueste, todavía creemos en la justicia. En la justicia con la que el mismo estuvo comprometido toda su vida.  En la justicia que condenó a Videla, Massera y Agosti, y a tantos otros genocidas.
Esa misma justicia es la que queremos para los 194 pibes muertos en la tragedia de cromañón. Porque una justicia simbólica e irracional no le hace ningún favor a la verdadera justicia. Una justicia susceptible a la opinión pública y a la “realidad mediática”, no construye justicia ni igualdad; más bien, genera violencia social a la par de inseguridad jurídica. Una justicia permeable a presiones políticas, emociones personales e intereses mezquinos, en definitiva, no es justicia. Necesitamos una justicia coherente, comprometida y racional. Una justicia con convicción, coraje y decisión.
Por último, esperamos que en algún momento podamos dar el debate que nos merecemos todos como sociedad sobre lo que ocurrió aquella noche del 30/12/04, y todo lo que la rodea: las causas, las consecuencias, las responsabilidades, las deficiencias, los errores. Realmente hay mucho para analizar y lo cierto es que nunca se debatió verdaderamente lo que ocurrió en Cromañón, con libertad y sinceridad. Y francamente lo deseamos porque entendemos que sin un debate racional y sin un análisis serio, no resolvemos nada, no saldamos nada, no aprendemos nada. Tenemos que poder separarnos del discurso mediático hegemónico, avalado y manipulado por la mediocridad de la dirigencia política en general, que construye y guía la opinión pública, convirtiendo en un hijo de puta a todo aquel “hable a favor” de cualquier imputado en la causa. Y aunque irremediablemente el dolor siga allí, tenemos que poder aportar nuestra racionalidad para comprender de verdad y a fondo los hechos, precisamente, para que no vuelvan a repetirse.


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