OPINIÓN

Menos dedo y más convergencia.
Por Aníbal Gotelli, Presidente del Instituto para Pensar Buenos Aires, IpeBA.

HEMOS PERDIDO.
Pasó la segunda vuelta electoral porteña y hemos vuelto a perder.

No solo ha ganado Macri. Hay que decirlo, repetirlo y volverlo a repetir para que no queden dudas y para que no nos descansemos en una ilusión de pérdida injusta: HEMOS PERDIDO NOSOTROS.
ONANISMO POLÍTICO.

Y hemos perdido por culpa de nuestro propio onanismo político, expresado en el convencimiento de que nuestra verdad era casi revelada, y que como verdad revelada iba a nacer en el corazón de todos los porteños por el solo hecho de ser porteños, de manera infusa, tal como si fuera una verdad revelada por la fe.

Craso error. Lo vengo diciendo y escribiendo hace mucho. Al porteño hay que salirlo a convencer en cada elección. El porteño no gusta de verdades reveladas. El porteño es un pensador libre que no se aferra a ningún repertorio doctrinario de manera dogmática. El porteño necesita creer y sobre todo necesita una explicación lisa, llana y concisa de por qué un candidato es mejor que el otro. Al porteño no le gusta que le digan que hay que votar a un candidato porque no hay que votar al otro.
El porteño es básicamente un vecino en sus necesidades pero profundamente un cosmopolita en sus aspiraciones, tal como sucede con los habitantes de cualquiera de las grandes capitales del mundo. Y los diseñadores de campañas políticas deben tener eso muy en claro: Buenos Aires es una de las grandes capitales del mundo y sus habitantes tienen las mismas necesidades, los mismos miedos y las mismas aspiraciones que los habitantes de las más grandes ciudades del mundo.
La campaña de Daniel Filmus, hombre que respeto, estimo y conozco largamente por haber compartido muchos años de gestión pública, no estuvo a la altura del propio Daniel, ni tampoco a la altura de lo que los porteños necesitan escuchar de sus candidatos.
A los porteños se les ha dicho que no hay que votar a Macri, se le ha publicado el repertorio de las razones por las que no había que votar a Macri, se le ha dicho que Macri es malo, es insensible, que el Borda está mal, que la Ciudad está mal, que no ha construido subtes, su política pública estaba basada en las bicisendas y en el metrobús, y un largo etcétera de verdades que ninguno discute, yo creo que ni las discuten los que lo han votado.
Pero también es cierto, que no alcanzó. Algo faltó y quizás fue saber explicar el hecho de por qué Daniel era mejor, no solo porque era más culto o tenia mayor preparación o era más decente, todo lo cual es una realidad que tampoco nadie discute.
Quizás alguien creyó que con decir eso era suficiente y así se hizo. No lo se. Porque tampoco nadie lo ha explicado.
Pero también es cierto que el arco progresista, nacional y popular se atomizó y ofreció una muy triste imagen al electorado porteño. No fuimos capaces los nacionales, populares, humanistas y progresistas de ir más allá de nuestro propio onanismo político, de nuestras propias mezquindades y de nuestra incapacidad para construir una verdadera convergencia multipartidaria.
Ante esa inseguridad, el porteño optó por la seguridad de lo conocido y rechazó cualquier posible excelencia de lo bueno por conocer. Maxime cuando el arco político que se presentaba como supuestamente mejor se pasó reprochándose entre sí lo malo que eran los otros, pero todos los otros, aun los que eran parecidos a nosotros.
Yo no puedo creer como el FPV, el Encuentro, el FPP, el Socialismo, el Proyecto SUR, Buenos Aires para Todos y otras construcciones del mismo arco del pensamiento no pudieron ir todos juntos y construir entre todos un camino común hacia la victoria.
No lo puedo creer y todavía no puedo salir de mi asombro. Se ha perdido tiempo, se ha perdido esfuerzo, y se ha pagado caro. Muy caro. Se pagó con la derrota.
No demos más vueltas. No busquemos monstruos que no existen. No tratemos de buscar ahora chivos expiatorios. No tratemos de pedir cabezas.
Limitémosnos a reconocer que hemos perdido, a analizar las causas posibles y a juramentarnos de que eso no nos debe volver a pasar.
CONVERGENCIA PORTEÑA.
Es por eso que digo que el año 2013 debe ser el año de la Convergencia Porteña, de la unión institucionalizada y programática de todos los partidos y agrupaciones que tienen bases de acción política, programas, plataformas e idearios comunes, afines o complementarios.

No podemos ir separados a otra elección porque vamos a ser castigados con una nueva derrota.
Necesitamos, de cara al 2013, de una Convergencia Porteña nacional, popular, progresista y humanista. Necesitamos ponernos a trabajar ya mismo, con prisa y sin pausa, para demostrar que somos capaces de una construcción madura, estructurada y capaz de sobrevivir en el tiempo más allá de una victoria.
Debemos ponernos a trabajar ya mismo en plataformas comunes, en una misma visión y solución de los problemas y preocupaciones de los porteños.
El 47% que sacó Macri en la primera vuelta y todos los votos que sacó en la segunda, no ocultan todas las necesidades, todas las falencias y todos los problemas que tiene Buenos Aires.
Nuestros líderes deben demostrar, a partir de hoy mismo, una fuerte vocación conciliadora y una actitud profundamente constructiva.
Nuestros líderes deben volver a sentarse juntos, deben volver a dialogar, sin miedo a sentarse o fotografiarse con unos o con otros para no ceder protagonismo.
Nadie debe volver a ordenar que tal o cual candidato no aparezca también en los actos de sus colectoras. Eso no es práctico, y sobre todo, no es leal.
Toda esa mezquindad también contribuyó a nuestra derrota.
El vedetismo de muchos de nuestros líderes nos hizo vulnerables, débiles y poco confiables a la vista y gusto de la mayoría de los porteños.
La desconfianza entre unos y otros y las múltiples campañas de descrédito que muchos de ellos han lanzado sobre los otros del mismo arco ideológico no han hecho más que conspirar contra la propia fortaleza de nuestras ideas, de nuestros programas y de nuestras propuestas.

BASTA DE DEDO: LEGITIMIDAD DE LOS CONSENSOS.
Y para que esa Convergencia Porteña tenga éxito, el 2013 debe ser también el año del fin del “dedo elector” en todos los partidos, agrupaciones e instituciones políticas y comunitarias.

No debemos tenerle miedo a las internas. Debemos volver a los tiempos aquellos en que el que gana dirige y elige y el que pierde acompaña, sin conspirar y sin traicionar.
La conspiración permanente, la traición y los cambios constantes de posición y de partido, hace incomprensibles a los políticos y sobre todo, los hace indigeribles al gusto de los porteños.
Los que estaban juntos en la elección de 2007 o 2009 se presentaron separados en 2011 y viceversa, y parecían enemigos al ojo del elector y muchos de los que trabajaban juntos en esta elección de 2011 eran enemigos durante los años anteriores y otros perdieron impulso político y consenso barrial cuando fueron desplazados en muchas de las listas por algún “dedo elector”, lejano y vertical.
Esto no debe volver a pasar.
El que trabajó una Comuna debe ser candidato a esa Comuna. El que trabaja como candidato a legislador debe ser candidato a legislador. Y todos, pasando por una interna partidaria.
Sólo de esa manera tendremos partidos más fuertes, candidatos de garra y militantes motivados.
Sólo de esa manera la gente que nos tiene que otra va a tener más confianza en nosotros y en nuestra propia convicción democrática.
No podemos decir que somos demócratas si no nos sometemos a todos los mecanismos de la Democracia. Absolutamente todos.
La Convergencia Porteña, el análisis profundo de las causas de nuestra derrota y el fortalecimiento de los consensos por el reconocimiento a la militancia, deben ser los tres pilares fundamentales de nuestra futura victoria..

Aníbal Gotelli

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